Las resistencias

19 de Junio de 2017. No. De ningún modo. No me olvidé. Simplemente, esperaba el momento para escribir como acostumbro…

22:16 horas del lunes diecinueve de dos mil diecisiete. Dentro de unos poquitos minutos mamá muere otra vez. Acribillada. En algún lugar cercano a Ciudad Universitaria. Donde cercano tiene la ambivalencia de ser todos los lugares. Una distancia siempre inconmensurable.

20 de Junio de 2017. Yo en Escena. Hay veces que algunos hijos sobrepasan la vida de de sus padres. Yo por ejemplo paso a Mirta en doce años.

 

 

Los procesos

I

En el trabajo práctico de P. leo la descripción de cada una de las diez imágenes que solicité para dar cuenta del ejercicio de la deriva fotográfica. Me llama la atención la certeza con la cual comienza el tercer bloque de texto: “El recorrido se anticipa en un espiral dibujado en una hoja de papel, la cual se posa sobre un mapa de la ciudad. Esto garantiza que el viaje sea absolutamente aleatorio sin premeditarlo“.

La garantía de lo no premeditado. El valor que adquieren aquellos conceptos que garantizan el proceder, el poder derivarse de cierta operación consciente que sirve para probar que uno verdaderamente fue ese uno del cual se supone debemos todos partir. La garantía de manejarse con y bajo los protocolos del consenso.

Quizás el año próximo, si tengo posibilidad de repetir la consigna, les proponga que ellos deriven bajo sus propias normas. Que las establezcan. Porque me interesa que el mayor de los riesgos que experimenten sea el de encontrarse con ellos… creo que me hubiera gustado tener algún docente que repare no sólo en mi rendimiento fotográfico, ni en mi capacidad reflexiva, sino que esté atento también a los avances que despliego a lo largo de un proceso de realización visual. Para nada lineal. Ni programático… aunque sí pautable. No sé… pedagogías que surgen desde la intuición y el deseo.

 

II

Una imagen justa en el cumpleaños de Ingeborg: el sonido roto del vaso de vidrio cayendo por la rampa de cemento bajo una noche fría y estrellada. La posibilidad de comprender la múltiple coexistencia de sucesos compartidos y acordados bajo una ilusión, la de verdad. Lo paradójico de la desmesura.

 

Alejandra Beltrán, es otra de las fotógrafas que participa de Yo en Escena en el Museo Palacio Dionisi. Visualmente su autorretrato, traza una diagonal que se extiende desde su mano y brazo derecho. Esta línea surge desde el ángulo inferior izquierdo de la foto hasta su cabeza ausente pero insinuada apenas por un mentón cercenado. Lleva puesto una camisa de mangas cortas estampada con motivos florales blancos y rojos, sujeta por cinco botones negros que de a ratos se pierden sobre el mismo negro de la tela estampada. La prenda termina en un lazo doble cuyo lado más largo cae con aire casual sobre su falda. Abajo viste una pollera también floreada pero en gris y en negro.

Ella posa, femenina. Se sienta al borde de la fotografía sobre un colchón blanco sin sábanas. (¿Quizás intentando no molestar?) Luce un escote amplio que me lleva  a observar detenidamente esos ocho minúsculos lunares que bajan en zigzag desde el cuello por el pecho hasta perderse bajo la tela de su blusa. Lo lindo de algunas miradas es que pueden continuar aunque el límite del soporte simule un final absoluto.

La cama vacía está llena de posibilidades… hay una sola almohada. La atmósfera de la imagen me sigue llevando a otros lugares. En este caso a una primavera enrarecida. Alejandra está correcta: insinuante pero esquiva. El autorretrato de Alejandra se me antoja de una belleza controlada. Se construye de a poco. A través de la sutil presencia de la angustia que va hilvanando poco a poco cada tramo del espacio.

 

III

A veces creo hacer desde una rústica resistencia que se esfuerza por transgredir sus propias limitaciones. Esa es toda su proeza. Pero es una fuerte y decididamente tenaz. Robusta como mi cuerpo. Heredado de robustas mujeres, con robustas experiencias, que heredaron también de sus madres la robustez como característica inconfundible de la acción constante del sobrevivir. Si esta robustez mía, la pusiera no en perspectiva aunque sí en panorámica, todos los elementos de la escena que me integran (y dan vida a mis múltiples personajes) todos, exactamente todos creo tendrían la misma importancia. Sería una escena justa, una imagen panorámica donde todo se confundiría en un bloque de sentido irregular, poroso, atravesado por todos los tiempos.

 

 

Jueves pasando

Still Vídeo El trazo (2014)

I

Entre aquellas cosas que va dejando esto de escribir por acá (en el blog, en la web, desde el celu, desde el colectivo, desde casa, desde la Spili) con la excusa de reflexionar sobre mi participación en #yoenescena (o quizás de justificarme), una de las experiencias que se impone con más fuerza es esta triste sensación de vejez. Cuarenta y un años y me siento muy vieja. Vieja en mis modos de pensar, de accionar, de interactuar con lo tecnológico, con las personas… vieja en mis modos de concebir el cuerpo, la sociedad, lo artístico, lo fotográfico…el tiempo, el espacio, la mujer, el amor, lo político, el género, el conocimiento, el sexo, lo analógico, lo digital, lo efímero, el azar, el placer, la escena, las escenas, lo escenificable y la libertad.

En otros términos, la palabra adecuada sería: obsoleta. Me siento obsoleta. Algo así como un procesador 286… en tiempos tecnocracias aceleradas.

 

II

Fernanda Leunda es una de las artistas que participa en Yo en Escena, en el Museo Palacio Dionisi. 

En su autorretrato decidió incluir el cuerpo de otra persona más.

Cada vez que veo esa imagen, siempre tengo la misma primera impresión (no confesada, hasta ahora): “Qué linda foto. Fernanda y su… ¿novia? ¿amiga? posan en una playa que por el tipo de luz… me parece que es la costa Argentina. Qué valiente… posar desnuda en una playa… argentina.  Aunque, más valiente creo que es su novia o amiga. Mmm. Pero… ¿Esa no es la chica que Rocío fotografío el año pasado para su trabajo de Estilos? ¿Creo que jugaba al fútbol? ¿Cómo era que se llamaba? Tenía un apodo…”.

Siempre realizo la misma interpretación. Luego vienen otros pensamientos que surgen a partir de vaya saber qué asociaciones y, por suerte, me devuelven a parte de esa realidad que propone la fotografía de Fernanda.

Y ahí sí, veo que no se trata de una playa. Descubro la terraza, la ciudad de fondo. Me conmueven esos horizontes tan marcados que se superponen como capas. Reconozco a dos mujeres desnudas. Veo a Fernanda descansando sobre una de las tantas venus posibles … Quizás una controvertida, pero mi yo obsoleto… no deja de ver a una venus allí. 

¿Cómo debo interpretar esa fotografía? ¿Qué dice la autora? ¿Qué representan esos cuerpos desnudos, sinuosos, marcados con tatuajes, con estrías y piercings a la vista? Cuerpos sobre la terraza de un edificio en el atardecer de una ciudad que podría ser perfectamente Córdoba. Cuerpos pensados y dispuestos en ese escenario, de esa forma. ¿Provocan? ¿Legitiman? ¿Cuestionan? ¿Se trata una experiencia artística o biopolítica? ¿Cómo puedo deducir ese transfeminismo contra hegemónico que Fernanda sostiene como eje en su obra?

Ella dice sobre su imagen: ”La intención de esta fotografía es mostrar la alianza entre cuerpos contra hegemónicos que buscan ocupar los espacios desde lo afectivo”.

Aunque tengo una idea general, muy básica, ¿qué es un cuerpo contra hegemónico? ¿Por qué menciona la palabra alianza? ¿Por qué quiere ocupar los lugares desde lo afectivo? ¿Por qué la terraza de un edificio? ¿Este sería un lugar público o privado? Nuevamente la pregunta: ¿qué sucede con la fotografía en lo privado y en lo público? ¿Importa hoy? ¿Qué otros espacios uno puede ocupar desde lo afectivo? ¿Qué sería afectivo? ¿Es necesario ocupar espacios desde la afectividad? ¿Por qué? ¿Por qué no, simplemente, transitar por los espacios? ¿Por qué la fotografía de Fernanda estaría mostrando algo contra hegemónico y transfeminista? ¿Por la desnudez? ¿Por sus cuerpos de mujeres que quedan fuera de ciertas ideas modelizantes y normativas? ¿Se trata esto un caso de un modelo que reemplaza a otro aparentemente distinto? ¿O no? ¿Se podría pensar lo hegemónico y contra hegemónico como parte de lo mismo?

 

En fin, lo obsoleto. Sólo espero que los pudores no me paralicen.

La desmesura

#yoenescena #MuseoPalacioDionisi

I

15:33 15May2017

La desmesura. Lo desmedido (¿y lo inverosímil también?) de una fotografía que arrastra hacia su propia superficie la figura de quién posee el poder de fotografiarse. La desmesura de pretenderse objeto y sujeto al mismo tiempo. Pero aún más, el exceso de constituirse objeto y sujeto artístico.

¿Quiénes son los personajes de estos otros retratos desmedidos que integran el repertorio visual de #yoenescena? ¿Qué proponen sus personajes? ¿Quiénes escriben sus guiones? ¿Qué pretenden, qué buscan sus guiones? ¿El mismo contexto expositivo puede (realmente) conformar una escena? ¿Una escena justa* –concepto que tomo prestadapara tolerar, cobijar, asimilar nuestros yoes fotográficos? ¿Una escena justa aunque incluya toda una verosimilitud incompleta? ¿De qué escena hablan nuestras fotos? ¿Son todavía nuestras?

*De una charla con J.B.S. de hace meses.

 

 

II

17:40 15May2017

Pienso en esa charla… Al igual que una imagen justa, la escena justa es tan inhallable como una imagen verdadera.  La diferencia es que aceptamos la imposibilidad que conlleva la imagen justa, la escena justa. Aceptamos el deseo permanente de querer crearla. Con la imagen verdadera somos menos contemplativos: siempre queremos verla y le exigimos que se muestre. A pesar de ser una imagen de una verdad que no existirá nunca.

La imagen justa como la escena justa no puede dejar de buscar ser. Algo utópico y poético al mismo tiempo… Pero esto es otro de los logros de la imagen justa, de la escena justa. Su posibilidad de ser y no ser. Incluso, puede también aspirar a ser verdad. Pero es especialmente allí donde radica su fuerza: en eso que no logra ser.

Una imagen justa, como una escena justa puede ser también falsa. Necesita serlo. Una imagen justa, una escena justa quiere ser todo. Quiere ser pero algo más le impide ser eso otro a la vez.

Para comprender una imagen justa, o una escena justa se requiere de responsabilidad. De nuestra responsabilidad. De una responsabilidad compartida.

 

III

22:55 15May2015

Lo bueno de tener un cuaderno a mano es que siempre está ahí Dafne para recordar. Dafne no olvida. Nunca. Nada. Ni aún cuando duerme porque ese es su estado natural. Ella resiste a través del recuerdo aunque éste se presente bajo la forma de sueño. La resistencia a través del silencioso recuerdo. De un recuerdo silencioso que siempre está activo. Dafne es muy parecida al instinto. Dafne es supervivencia.

Verónica es de las pocas que puede con Dafne. Pero Dafne con ella siempre se deja. Aunque la inseguridad de Verónica la lleve seguido a escuchar a Negra, que es niña y conserva la inocencia caprichosa y testaruda de la irracionalidad del deseo. Por suerte, Vero está allí para conciliar entre Verónica, Negra y Dafne. Vero se parece bastante a Mabel que lleva la peor parte, la de odiar un poco a todo. La de sospechar de todo. Mabel suele caer en pesimismos y Vero le hace chistes, tontos, cáusticos que relajan a Mabel, tranquilizan a Negra, y le permiten continuar a Verónica. Pero al menos una vez a la semana, aparece la orgullosa Nuria de golpe que contrapone lo hecho con lo perfecto. Y el caos reina por un tiempo. Alertando de nuevo a Dafne que se encarga de recordar para que Verónica comprenda luego.

 

La vulnerabilidad de la escritura es aún más feroz que cualquier otro autorretrato que haya realizado.

Los catorce de mayo

I

Desde la superficie de la emoción, la textura se me presenta como una ciudad de granito, inmensa, deshabitada. La luz cae rígida desde un arriba infinidad. Una ciudad inventada.
La disrupción y sus dramas. La discontinuidad a veces nos obliga a pensarnos, en singular y en colectivo. La posibilidad de modificar nuestros horizontes de sentidos arrecia los temores. Parecido a un instinto de supervivencia actualizado a los tiempos que corren.
Ayer concluí que tengo fe. No en el sentido religioso de la expresión… Fe en la energía, en su capacidad radial y expansiva capaz de generar réplicas de sí misma en aquello que circunda. Puede sonar muy Bucay, lo sé… pasa que en mentes estructuradas, como las mías, es necesario darle solidez a ciertas presunciones. De lo contrario la posibilidad del colapso -siempre inminente- es mayor que el colapso mismo.

 

II

El viernes Alicia B. antes que entremos a la Spili me dijo que me había leído. Me dio pudor pero no se lo dije. Le comenté que era difícil escribir todos los días de manera pública. Por varias razones. No todo lo que vivimos a diario es una escritura potencialmente interesante más allá de las fronteras de nuestras biografías. Le comenté que la duda se encontraba presente en cada palabra que agregaba. La acción de escribir a partir de la excusa de #yoenescena, de una contingencia singular como una fotografía propia que cuelga en la sala de un museo, me hacía dudar sobre muchas cosas… especialmente si era necesario escribirlo todo. Ella me preguntó si me estaba censurando.
Anoche me puse a pensar en lo infantil que puede resultar todo este ejercicio.
¿Qué lo hace artísticamente especial? ¿Qué lo hace artístico? ¿Qué pensarán los Fotómetros? ¿Qué necesito de la mirada ajena para construir mi discurso? Pensaba que la fotografía de esa Vero que está en el museo, en realidad podría ser la de Nuria López Pernas. De la visita de Nuria a casa este último verano cuando volvió sin decir que volvía… como acostumbra. Fue un momento casual en que justo la vi y le disparé con el celu. Si ella supiera que su foto fue a parar a un museo… sería terrible. Diría primero, algo sobre su cara, sus arrugas, sobre la remera que le regaló Lola. Su enojo iría subiendo y me reprocharía más y más cosas hasta terminar mencionando cuestiones técnicas, el cielo quemado, la calidad técnica… retomaría posiciones irreconciliables… terminaríamos discutiendo como siempre lo hacemos. Mucho, fuerte. Y se iría de nuevo como siempre hace. Creo que Nuria se parece un poco a mi padre.

 

III

Pensaba en este día y se me ocurrió ir a los cuadernos viejos, revisar los primeros renglones escritos de los catorce de mayo. ¿Qué pasaron en otros catorce de mayo de mi vida?

14May2016: Soy la profesora interina de Técnicas de Registro II turno noche y la profesora suplente de Fotografía Digital II turno mañana. Sigo, además, con las suplencias de Teoría Fotográfica y Estilos y Tendencias Fotográficos. Esto me da de lleno en la cara…
14May2015: Detrás de estos vidrios el día no se anima a pasear con sol. Laura me dejó en casa cerca de las dos de la mañana. Terminé por dormirme a las tres. Me levanté a las ocho. Tototo duerme en su canasto. Ayer mandé la biografía y el statement a Daniel. Además hablé con mi hermana y mi Viejo sobre el crédito aprobado. Estuve viendo sanitarios por la web…
14May2014: Gatito juega con pelota de plástico transparente. Normalmente luego de correr termina durmiendo en el sillón o en el canasto que compró Monyu.
14May2013: Soñé con Nicolás B. Que estaba preso. Otra vez lo habían detenido mientras hacía su trabajo. Yo lo encontraba en el sueño y le decía que lo había soñado justo así, como estaba en ese sueño. Pero en lugar de esa canaleta, en este nuevo sueño había un arroyito que corría tranquilo…

El tiempo. Eso pasaba.

El tono normal de los sueños

I

#Yoenescena. A veces, un personaje que también soy pero no controlo, duerme y sueña. Cuando despierto escribo lo soñado. Tengo el talento de recordar sueños. Y ellos se hacen aún más intensos a medida que los transformo en palabras. Por eso escribo rápido, sin búsquedas poéticas o literarias para que la estructura del lenguaje no condicione demasiado el sentido. El sueño permanece durante días, modificando guiones y otros repertorios. A veces, los acompaño con imágenes. Otras veces, en cambio, me siento particularmente poderosa porque sé que nadie sabe que he soñado.

 

II

Anoche soñé largo. Me desperté a las 2:02 y a las 5:34 de la mañana. Pero el sueño siempre siguió siendo el mismo. Era algo así como una demostración empírica. Alguien me mostraba dos cosas, dos formas de hacer, o de ser… Recuerdo que ambas situaciones estaban representadas como una masa viva y orgánica contenidas en recipientes rectangulares de vidrio, como peceras largas y flacas, como los postes de cemento para alambrados. Ambas contenían esta masa que era del mismo color que la arcilla roja. Aunque semejantes, parecían dos entidades contrarias. A la vista, uno podía suponer que la una anulaba a la otra.

Este alguien de mi sueño sin rostro sin cuerpo sólo voz, acercaba y alejaba los dos contenedores transparentes mientras me hablaba y hablaba y hablaba. Su voz se parecía a un murmullo constante como el de los ríos serranos. Sentía que con cada sonido que escuchaba, me hacía más sabia. Parecido a esos sueños donde uno sabe absolutamente todo.
La reacción de las masas era distinta. Si ellas se encontraban más próximas, los movimientos que hacían dentro de sus recipientes eran agitados casi ululantes. En algunos partes, la masa desprendía finos hilos de materia que dirigían con desesperación hacia la otra masa. A la cual le sucedía lo mismo. Una maraña de movimientos bruscos se producía dentro de las peceras. Parte de la materia golpeaba sonoramente en las paredes de vidrio, la otra parte se plegaba sobre sí misma intentando lo imposible.
Si las alejaban, las masas parecían inertes. Y si las acercaban gradualmente, la vitalidad crecía hasta asustar.
Varias veces el mismo ejemplo. De diferentes modos planteados, pero siempre el mismo resultado con la misma voz susurrando.
Me explicaba este alguien, que todo el escenario haría suponer lo peor. La fuerza de reacción de las masas cuando estaban próximas, en realidad era el factor que confundía.

Dicho esto, se vuelcan las peceras. Las masas caen sobre una misma superficie plana y brillante. Activas y urgentes, comienzan a acercarse y en el momento de la gran hecatombe, sucede lo impensable. Las fuerzas se complementan, se distienden y las masas se hacen una sola cosa, un todo armónico. Una unicidad pero con dualidades. Y luego la frase susurrante con la que despierto: “la fuerza no siempre es dominar”.

 

 

 

Tanta mujer abruma

 

Dudé. La idea de escribir sobre #yoenescena surgió de manera intempestiva y abordo del colectivo interurbano… otro de mis escenarios habituales. Conté con la autorización de Consuelo desde el primer momento… pero dudé luego sobre qué escribir y, especialmente, desde qué voz hacerlo.

Mi personaje literario comenzó a flaquear antes de escribir. Tantas mujeres en esta muestra… tanta mujeres interesantes que dicen de tantas formas tantas cosas… sensualidad, misterio, piel, estereotipos, fuera de campo, negación, dualidad, mujer… y entre todo esto, mi foto. Una imagen donde me asomo recortada sobre un cielo que de tan quemado se fue al blanco. Ni una pizca de datos en ese cielo que era azul. Allí estoy yo, rodeada de luz y hojas verdes. Las hojas de mi bella jungla personal, mis amadas flores Chinitas. No Cosmos, sino Chi-ni-tas. Me asomo entre ellas. Fabrico, como tantas otras veces, un retrato a lo Magic. Celular mediante, juego esta vez con la posibilidad de representarme “espléndida”.

 

II

Mi abuela Tata era pantalonera. Tenía un espejo de cuerpo entero con marco dorado de estilo oriental donde sus clientes se probaban las confecciones que mi abuela cosía. A la siesta yo aprovechaba para jugar con él. Solía improvisar una serie de muescas, poses, caras… Me lo pasaba largo rato ahí imitando personajes de series como Bonanza, o posando como las modelos de la revista Burda. Cuando ella se levantaba de dormir, siempre lo hacía de manera sigilosa y me descubría ensayando estos movimientos. Aunque me amaba, como nadie lo ha hecho, era inevitable que me dijera:

¿Otra vez paveando Negra? ¡Pareces Abdon! Portate bien que ya sos grande. 

Parecerse a un Abdon era terrible. Después de tanta muerte, tanta ausencia, tanto vacío y el bicho Abdon ahí, resistiendo detrás de un gesto frente al espejo.

 

Pero nada pudo evitar que fuera más Abdon que Maggi. Anoche, vi a mamá desde lejos. La foto más hermosa que cedí a Familiares. Realizada, sin lugar a dudas, en un estudio fotográfico que nada se parece a la que circula hoy en las marchas.

Estaba detrás de ella. Ella estaba adelante mío. Claro, cómo iba a saber que entre todos los carteles blancos, las partes de atrás de ese paisaje de fotografías con los rostros de asesinados o desaparecidos que veía, iba a estar el de mamá.

Pero como nos andamos buscando siempre… sucedió que ella miró y yo miré. Y ahí estaba, alguien más la sostenía, como yo sostenía el cartel de otro. Pensé en Victoria que marchaba desde Buenos Aires. Me acordé que así le pasó a ella en una de sus primeras marchas allá. La reconoció a mamá como lo había hecho yo, pero sostenida por otro desconocido en otra marcha en otra provincia. Y me lo dijo.

Perdí de vista a mamá. Pasamos con la gente por la plaza España. Mc Donalds y el Museo Palacio Dionisi y, por supuesto… Yo en Escena. Ivana me comenta justo en ese momento que me vio en una lista y le dice a Caro: “acá está la muestra de la Vero”. Me sonrío y aclaro que es una muestra colectiva y que participo sólo con una foto… pequeñita. Después me prendo un cigarrillo.